
Continúa el Festival Nacional de Teatro Musical Vegas Altas
Tras el éxito de los espectáculos de la semana pasada: «Libre» y «Por la libertad», el Festival Nacional de Teatro Musical Vegas Altas, ha continuado este fin de semana con otros dos espectáculos de alto nivel artístico, aclamados y premiados en escenarios de Barcelona y Madrid. En esta ocasión, el evento ha presentado «Alan» y «El Crédito, el Musical», en funciones que igualmente han logrado llenar las butacas del Teatro Palacio de Congresos (de Villanueva de la Serena) y del Teatro Imperial (de Don Benito), respectivamente.
«ALAN», UN MUSICAL QUE SUSURRA VERDADES Y DESPIERTA CONCIENCIAS
El musical «Alan», de la compañía WeColor Music, representa un grito de resistencia, un eco de dolor y esperanza que resuena en quienes han luchado por ser ellos mismos. Con valentía y sensibilidad, la obra aborda el acoso y la transfobia sin concesiones. Inspirado en la vida real de Alan Montoliu, entrelaza ternura y crudeza sin caer en el melodrama, permitiendo que el público se funda con el pulso vital de su protagonista.
La dramaturgia de Mar Puig y Mateu Peramiquel es un ejercicio de equilibrio y respeto. Esquiva el morbo y la exageración, y en su lugar, dibuja una narración que fluye entre luces y sombras, entre risas fugaces y heridas profundas. Un texto que, con su sencillez y honestidad, se clava en la piel.
La puesta en escena refleja la intimidad del protagonista: su habitación es refugio y trinchera en un mundo hostil. El comedor familiar y una zona multifuncional completan un escenario sin artificios, donde cada elemento ocupa su lugar con precisión. Nada sobra, nada falta.
Las hermosas letras de las canciones y la música -interpretada en vivo por Mateu Peramiquel al piano y Danko Compta a la batería- son el alma vibrante de la obra. En La dirección artística de Mar Puig y Cisco Cruz se logra un ritmo ágil y una cadencia natural de emociones, aunque algunos momentos ganarían con pausas más meditadas para otorgar mayor peso a los diálogos clave. Si bien el montaje es notable, ciertos aspectos técnicos requieren ajustes. En algunas escenas, la iluminación dificulta ver con claridad los rostros de los actores. Además, también en ocasiones la música se impone sobre las voces, desluciendo la emoción de las palabras.
El elenco brilla con intensidad. Ander Mataró encarna a Alan con respeto y delicadeza, capturando la fragilidad y la fortaleza de un joven que lucha por su identidad. Ana Conca, como la madre, impone su voz poderosa y presencia escénica conmovedora, convirtiéndose en pilar emocional del relato. Vinyet Morral da vida a Mia, el reflejo del pasado de Alan, con una interpretación llena de nostalgia, dulzura y renuncia. Y Rafa Higuera, en su multifacético despliegue de personajes (abuelo, médico, psicólogo, policía, profesor), demuestra solvencia y versatilidad, dotando a cada rol de una identidad clara y reconocible.

«Alan» no es solo un musical: es una llamada de atención, un espejo en el que la sociedad debe mirarse sin miedo. En tiempos donde el acoso y la discriminación siguen extendiendo sus sombras, este espectáculo se alza como una luz necesaria. Es, en definitiva, un canto a la libertad de ser.
«EL CRÉDITO, EL MUSICAL»: UN DUELO INTERPRETATIVO DE INGENIO A RITMO DE MÚSICA
«El crédito» es una hábil comedia del dramaturgo catalán Jordi Galcerán i Ferrer, estrenada con éxito en el Teatro Arriaga de Bilbao en 2013 y representada posteriormente –con otros montajes- en Barcelona y Madrid. La obra teatral con fina ironía juega con el absurdo y el humor inteligente para diseccionar las dinámicas del poder, el miedo y la fragilidad humana en un mundo regido por el dinero. Su versión musical, realizada por Rubén Yuste con arreglos de Quike Ruiz -estrenada el pasado año en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez- preserva el ingenio del texto original, añadiendo el nuevo matiz a través de la música y canciones en directo, con un piano en escena que refuerza la narrativa y el tono de la obra.
Galcerán i Ferrer construye una trama de apariencia sencilla pero de gran complejidad en su desarrollo surrealista. La historia de un hombre desesperado que, al no obtener un crédito bancario, decide chantajear al director de la sucursal con una amenaza insólita -seducir a su esposa- se desarrolla con giros inesperados que convierten la comedia en un juego de poder donde los roles de víctima y victimario se intercambian constantemente. Más allá de la sátira sobre el sistema bancario, la obra ahonda en la psicología de los personajes y en la vulnerabilidad de sus emociones.
Llevar esta historia al formato musical supone un reto interesante, resuelto con acierto por Yuste, quien también dirige artísticamente el montaje. La escenografía minimalista, centrada en la oficina bancaria, permite que el peso recaiga sobre los actores y el pulso de su interpretación. La música en directo de Quike Ruiz aporta dinamismo y profundidad emocional, acentuando los momentos de tensión y liberación cómica.
El duelo interpretativo entre Juan Carlos Martín y Naím Thomas es uno de los puntos fuertes de la producción. Ambos actores logran captar la evolución de sus personajes con precisión y comicidad. Martín transmite con solvencia la transformación del arrogante director de banco en un hombre acorralado por sus propios miedos, mientras que Thomas aporta carisma y astucia a su papel de cliente desesperado. La química entre ambos es evidente, y sus interacciones sostienen el ritmo de la obra, dotando de veracidad a la sátira.
En definitiva, «El crédito, el musical» es una adaptación muy bien hilvanada de escenas de teatro y canciones que respeta el espíritu de la obra original mientras aprovecha el lenguaje musical para potenciar su impacto. Con una puesta en escena efectiva, interpretaciones sobresalientes y un humor que combina lo absurdo con lo mordaz, esta producción logra una crítica social aguda envuelta en una comedia inteligente. La gran ovación final del público del Teatro Imperial donbenitense fue un testimonio de su efectividad y del talento de sus creadores.