Rosa Victòria Gras
LO EXTRAORDINARIO
He sabido, por Oriana Bonet, su hija, que Rosa-Victòria Gras (Vallgorguina, 1933) ha muerto este 26 de marzo 2025. Escucho el mensaje de Oriana y quedo impresionado e incrédulo. Los seres humanos debemos de ser la única especie capaz de pensar o de sentir que la muerte no existe, aunque tengamos certeza y pruebas de ella.
Desde que la conocí en 1996, siempre he sentido que Rosa-Victòria era eterna y que siempre iba a estar ahí, para cuando quisiese ir a visitarla y a encontrarme en su mirada intensa y radiante, de meiga de Vallgorguina.
Ante todo, Rosa-Victòria Gras era un ser de luz. En aquel Institut del Teatre de Barcelona de finales de los 90, sus clases de dicción eran un espacio para conectar con las energías que despliegan las palabras y para descubrir las dimensiones más deslumbrantes de la lengua. Recuerdo aquel año en el que trabajamos los sonetos de Shakespeare en la traducción catalana de Carme Montoriol Puig, que mantenía le pentámetro yámbico del original. Recuerdo cómo, a través de la dicción y del ritmo, descubríamos significados inéditos y cómo la propia musicalidad, al activar las palabras y ponerlas en voz y cuerpo, erguía un sentido inaudito. Las aulas de Rosa-Victòria eran el lugar en el que, de repente, alumbraba la poesía entre nosotros, estimulada y orquestada por ella, como si tuviese poderes sobrenaturales.
“El concepte de poesia no és cap concepte definit; cadascú experimenta de manera diferent allò que els altres anomenen poesia. Pot, fins i tot, ésser que els més entesos en les anàlisis del llenguatge s’hi confonguin. Però, entre tants parers voldria dir-hi el meu: si alguna part d’aquests escrits us mena enllà de la quotidianitat – una mica, tan sols – és que hi trobeu poesia. Potser qui escriu comença el poema i el continua qui el llegeix? Segurament. Per a mi, s’ha d’haver produït, també, en la que tinc per veritable poesia, alguna intervenció de fora de nosaltres que farà que ens estranyem d’alguna cosa que no entenem ben bé – perquè no és entenedora –, que en fa adonar que “allà encara no hi havíem estat”. El grau amb què ho sentim, l’estranyesa aquesta de què parlo, és divers: segons cadascú, el seu context i la història que ha viscut.” (El concepto de poesía no es un concepto definido; cada persona experimenta lo que otros llaman poesía de un modo diferente. Incluso puede ser que los más conocedores del análisis lingüístico estén confundidos. Pero, entre tantos pareceres, me gustaría decir el mío: si alguna parte de estos escritos te lleva más allá de lo cotidiano –solo un poco– es porque en ellos encuentras poesía. ¿Quizás quien escribe comienza el poema y lo continúa quien lo lee? Seguramente. Para mí, se tiene que haber producido también, en la que considero verdadera poesía, alguna intervención de fuera de nosotros que hará que nos extrañemos por algo que no acabamos de entender –porque no es para entender–, que nos hace darnos cuenta de que “allá aun no habíamos estado”. El grado en que lo sentimos, esa extrañeza de la que hablo, es diverso: dependiendo de cada persona, de su contexto y de la historia que ha vivido.)
Así la describe Rosa-Victòria en la “Benvida” (Bienvenida) del libro ‘La roda de la fortuna’ (Arola Editors, 2018) (La rueda de la fortuna).
DRAMATURGA
Rosa-Victòria Gras fue poeta, dramaturga, traductora, guionista, doctora en Filología Catalana, estudiosa de la prosa de Verdaguer y, desde muy joven, conocedora de diversas lenguas. Profesora de dicción en el Institut del Teatre de Barcelona desde 1982 hasta 2012, treinta años.
Fue autora de quince obras teatrales, como ‘Mima, la boja damunt la teulada’ (1953) (Mima, la loca debajo del tejado); ‘La vigília’ (1965), por la que obtuvo el Premio Cassandra en 1988; ‘Per testimoni, Sàskia’ (1970) (Por testimonio, Sàskia); ‘Somniar la vida’ (1971) (Soñar la vida), con la que ganó el Premio Santos Antolí en 1980; ‘Balneari Celeste’ (1974) (Balneario Celeste); ‘El crit dins d’una capsa de cartró’ (1982) (El grito dentro de una caja de cartón), por la que obtuvo el Premio Lisístrata en 1981; ‘La nit de les dues llunes’ (1990) (La noche de las dos lunas), que ganó el Premio Recull-Teatre; ‘Dues Medees’ (1991) (Dos Medeas); ‘El contraverí’ (1998) (El contraveneno); ‘Um estiu amb les amigues’ (2007) (Un verano con las amigas); ‘Atracciones Gasparino’ (2012), recompiladas en una edición do Institut del Teatre de Barcelona, al cuidado del dramaturgo Albert Tola, quien fue también su alumno y amigo. En la contraportada de los volúmenes de esta edición podemos encontrar una síntesis sobre algunas de estas piezas, que nos revela algunas de las inquietudes de la Rosa-Victòria dramaturga. Por ejemplo, ‘Per testimoni, Sàskia’ (1970) “es el monólogo de una mujer con impulsos asesinos, una pieza de madurez. […] ‘Somniar la vida’ (1971) está ambientada en Roma con el perfume de las flores más extrañas que escribió Tennessee Williams. […] ‘Balneari Celeste’ (1974) es un hotel para suicidas donde les ahorran la faena bruta a los clientes” Una pieza sobre la eutanasia. “ ‘La vigília’ (1965), un drama barcelonés con complejos juegos de alternancia entre posibles realidades. ‘Mima, la boja damunt la teulada’ (1953), una obra que anticipa la atmósfera de las obras que seguirán. […] ‘El contraverí’ (1998) es un antídoto contra la infamia de la historia donde se recogen cinco momentos de horror en cinco lugares y tiempos diferentes. ‘El crit dins d’una capsa de cartró’ (1981) es un conmovedor drama político a partir de un hecho real: la violación y asesinato de una niña de dos años y medio en la Semana Santa de Sevilla. ‘Um estiu amb les amigues’ (2007) narra la degradación sutil de unos vínculos de amistad a causa de las relaciones amorosas al largo de un verano en Mallorca. En el díptico ‘Dues Medees’ (1991) encontramos una Medea que se rebela contra su propio mito desde un punto de vista feminista. Finalmente, ‘Atracciones Gasparino’ (2012), con la aparente ligereza del teatro juvenil, a partir de la desaparición de un conocido parque de atracciones, narra la progresiva desaparición de una ciudad en manos de sus gobernantes: Barcelona.”
Albert Tola, además, ha publicado, por encargo del Institut del Teatre de Barcelona, dentro de la serie “Conversas”, un valioso libro titulado ‘Rosa Victòria Gras. Dimensió creativa de la llengua’ (Institut del Teatre, 2018) (Rosa-Victòria Gras. Dimensión creativa de la lengua), con una extensa entrevista a través de la que podemos acceder a los recuerdos y reflexiones que nos muestran a una “intelectual de sensibilidad artística aguda, compromiso social tenaz y proximidad generosa con sus alumnos”, en palabras de Albert Tola, quien también nos recuerda que Rosa-Victòria fue una de las referencias pedagógicas principales del Institut del Teatre, y destaca “su lucha por la recuperación e impulso de la herencia cultural y lingüística catalana, con un legado que se proyecta hacia el futuro.”
Rosa-Victòria, además, tradujo al catalán obras de Botho Strauss, Franz Xaver Kroetz, Caryl Churchill, John Webster y Edward Gordon Craig. Como poeta tiene publicados dos libros: ‘Finestrelles d’autobús’ (Oikos-Tau, 1996) (Ventanillas de autobús) y ‘La roda de la fortuna’ (Arola Editors, 2018) (La rueda de la fortuna).
PIONERA EN LA TELEVISIÓN
Antes, en 1972, a petición de Antoni Comas, del Institut d’Estudis Catalans, hizo para Radio Peninsular: ‘Curs de català parlat’ (curso de catalán hablado), por el que recibió el Premio Ondas. En la renovación de TVE en Catalunya, acometida por Sergi Schaaff, Rosa-Victòria se convirtió en la primera maestra de catalán en la televisión, con el programa ‘Català amb nosaltres’ (Catalán con nosotros), que comenzó a emitirse en 1977, en el que ella dirigía, escribía los guiones y salía en pantalla para explicar la temática y entrevistar a los invitados, tratando cuestiones de ortografía y gramática y abarcando todas las variantes del catalán. Después de una veintena de capítulos, en 1979 comenzó a dirigir y presentar el programa ‘Lliçons de català’ (Lecciones de catalán) de temática más amplia, sobre los errores que se pueden cometer en el habla o sobre el léxico do teatro, por ejemplo, ganando el Premio Òmnium Cultual de televisión. Entre 1982 y 1983, junto a Marta Pessarrodona, escribió y presentó ‘Retrat de dona’ (Retrato de mujer), sobre biografías de mujeres destacadas en diferentes ámbitos como la medicina, la empresa, la televisión, la política, la agricultura, la teología…
EL ENCUENTRO Y EL CAMINO
Su sensibilidad hacia todo lo que traen consigo las lenguas era patente en su atención por el origen de las palabras y por las conexiones que se podían establecer entre los sonidos y el sentido más profundo de las mismas, así como las diferentes realidades, contextos espaciales y temporales, según la zona. Sus clases estaban abiertas a todas las variantes del habla de los Països Catalans. En una de las últimas veces que nos vimos me regaló un volumen de cuentos en occitano, para que disfrutase de esa lengua y de algunas de sus historias.
En este artículo me gustaría hacerle un pequeño homenaje, compartiendo algunas imágenes y recuerdos de una persona que no solo fue para mí una maestra principal, sino también alguien que forma parte de aquello que hay de mejor en lo que vengo siendo como persona, alguien que me ayudó a crecer y que, de algún modo, siento que me constituye y que continúa conmigo.
La circunstancia en la que nos conocimos resultó, inesperadamente, increíble. En septiembre de 1996 me presentaba a las pruebas de acceso para estudiar dirección escénica y dramaturgia en el Institut del Teatre de Barcelona. Éramos casi noventa aspirantes para doce plazas. Los ejercicios de las pruebas eran todos en catalán, igual que los estudios, y se rumoreaba que la prueba de dicción de la “Doctora Gras”, así le llamábamos cariñosamente, en honor a su elegancia y sabiduría, era la más difícil de pasar.
Ciertamente, era considerada un referente y una autoridad del catalán más genuino y vital.
En el escenario del Teatre Adrià Gual del Institut del Teatre, en el antiguo edificio del Carrer San Pere Més Baix, próximo de la Via Laietana, estaba la “Doctora Gras” al lado de un atril en el que reposaba la obra poética completa de Josep Carner. Ella iba llamando, de cada vez, a una de las personas aspirantes que estábamos sentadas en la platea.
Entonces cogía el libro y dejaba que se abriese a la suerte encima del atril, la persona tenía que leer en voz alta el poema que le saliese y después hablar brevemente sobre él. Cuando me tocó a mí, con el catalán precario que sabía por aquel entonces, le expliqué que solo llevaba dos meses en Barcelona, que había hecho un curso intensivo de catalán durante el verano en la Escuela Oficial de Idiomas y que estaba aún un poco verde, intentando escusar los posibles errores. Entonces ella me preguntó de dónde venía y cuando le dije que era gallego, de la montaña de Lugo, de Becerreá, comenzó a hablarme en portugués y me preguntó: ¿entonces puedes decirme algún poema gallego? Yo recité el “Adiós ríos, adiós fontes” de Rosalía de Castro, mientras observaba como me miraba de aquella manera tan penetrante, mientras sonreía. Creo que sonreía y eso me dio confianza, aunque estaba alucinado de lo que estaba sucediendo. Me pidió si le podía decir otro poema y entonces recité “Cousos do lobo” de Uxío Novoneyra. Yo diría que la “Doctora Gras” sonreía y que le gustaba. Entonces me preguntó si sabía alguna canción gallega. Las otras personas aspirantes ya se removían en las butacas de la platea y no era de extrañar: en el ejercicio más difícil de las pruebas de acceso, el de la “Doctora Gras”, un aspirante diciendo poemas en gallego y poniéndose a cantar una cantiga popular: “Nunha barca de Marín”. Al acabar la canción, se acercó al atril y abrió el libro de Josep Carner y me invitó a que leyese un poema. El caso fue que leí aquel poema en catalán sin atrancarme y disfrutándolo, sin que me pareciese difícil, como si lo conociese de antes. De hecho, se trataba de un poema de Josep Carner sobre un camino, que parecía un eco de dos de mis poemas preferidos de Rosalía de Castro y de Uxío Novoneyra, que también recorren un camino. ¡Para que después la gente diga que la magia non existe! ¿Cómo podía ser que Rosa-Victòria justo fuese a escoger un poema de Josep Carner que parece hermano de dos de mis poemas predilectos de Rosalía y de Novoneyra? Pues ahí comenzó también el camino de inmersión en la lengua y en la cultura catalanas, así como una relación académica y de afecto muy grande y muy especial.
Rosalía de Castro (1837-1885):
«Dende aquí vexo un camiño
que non sei adónde vai;
polo mismo que n’o sei,
quixera o poder andar.
Istreitiño sarpentea
antre prados e nabals,
i anda ó feito, aquí escondido,
relumbrando máis alá.
Mais sempre, sempre tentándome
co seu lindo crarear,
que eu penso, non sei por qué,
nas vilas que correrá,
nos carballos que o sombrean,
nas fontes que o regarán.
Camiño, camiño branco,
non sei para dónde vas;
mais cada vez que te vexo,
quixera poderte andar.
Xa collas para Santiago,
xa collas para o Portal,
xa en San Andrés te deteñas,
xa chegues a San Cidrán,
xa, en fin, te perdas… ¿quén sabe
en dónde?, ¡qué máis me dá!
Que ojallá en ti me perdera
pra nunca máis me atopar…
Mais ti vas indo, vas indo,
sempre para donde vas,
i eu quedo encravada en onde
arraigo ten o meu mal.
Nin fuxo, non, que anque fuxa
dun lugar a outro lugar,
de min mesma, naide, naide,
naide me libertará.» (Rosalía de Castro. Follas Novas, 1880)
Uxío Novoneyra (1930-1999):
«VAI polo monte o camiño
outeando como un louco
polos caborcos do val
i as poxas do taramouco.
Cruza solo a serra toda
sin levar outra compaña
que a gran presencia do ceo
sobre o silencio da braña.
Eu non sein pra onde vai
méntral’ o quedo mirando.
Sólo sein que eilí se compre
o soño que estoun soñando…» (Uxío Novoneyra. Os Eidos, [1952] 1981)
Josep Carner (1884-1970):
«Cançoneta incerta
Aquest camí tan fi, tan fi,
qui sap on mena?
És a la vila o és al pi
de la carena?
Un lliri blau color de cel,
diu: -Vine, vine-.
Però: -No passis! -diu un vel
de teranyina.
¿Serà drecera del gosat,
rossola ingrata,
o bé un camí d’enamorat,
colgat de mata?
¿És un recer per a adormir
qui passi pena?
Aquest camí tan fi, tan fi,
qui sap on mena?
¿Qui sap si trist o somrient
acull son hoste?
¿Qui sap si mor sobtadament,
sota la brosta?
¿Qui sabrà mai aquest matí
a què em convida?
I és camí incert cada camí,
n’és cada vida.» (Josep Carner. Cor quiet, 1925)
PORTUGAL Y GALICIA
La relación de Rosa-Victòria con el eje atlántico peninsular, Galicia y Portugal, venía de lejos. Había sido ayudante en los inicios de la Cátedra de gallego-portugués de la Universidad de Barcelona, con Basilio Losada. En ese contexto, recibió una beca, justo después de la Revolução dos Cravos, para ir a Coimbra, en la época en la que comenzaban a desplegarse los planes de alfabetización general en el país luso, después de los cuarenta años de la dictadura de Salazar. Por aquella altura, Rosa-Victòria estaba con Iago Bonet Correa, de la familia de los Correa Calderón de San Miguel de Neira de Rei, en Baralla, Lugo, con quien tuvo dos hijas: Miriam y Oriana. Yo tuve y aún tengo trato con la más joven, con Oriana.
Abro ahora un paréntesis. A finales de los 80 estuve en la casa de los Correa Calderón de San Miguel de Neira de Rei, al lado de Becerreá, en Baralla, y conocí al tío de Oriana, a Antonio Bonet Correa (1925-2020), catedrático de la Universidad Complutense de Madrid e historiador del arte, que fue presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Recuerdo que le hice una entrevista para la revista cultural A Pipa de Becerreá, una aventura que había comenzado cuando estudiaba bachillerato, creo que en 2º de BUP, en 1988.
A finales de los 90, ya en el Institut del Teatre, Rosa-Victòria me hablaba de los cuentos sobre el rural gallego que había escrito la abuela paterna de Oriana, Asunción Correa Calderón (1896-1951), hermana de Evaristo. Para la juventud estudiante de aquel entonces el nombre de Evaristo Correa Calderón (1899-1986), junto al de Fernando Lázaro Carreter, era un referente por el libro que utilizábamos mucho: ‘Cómo se comenta un texto literario’. Evaristo Correa Calderón, además, es una personalidad muy relevante para la cultura gallega no solo por ser miembro de las Irmandades da Fala, sino también porque fue el director de la revista de vanguardia artística Ronsel, publicada en Lugo en 1924, entre otras razones. Cierro el paréntesis.
os lazos de Rosa-Victòria con la cultura y la lengua gallegas también derivaban de su gusto por las románicas y por su activismo ideológico respecto a las lenguas sin estado propio. El catalán, de un modo diferente, pero al mismo tiempo semejante al gallego, también sufrió y continúa sufriendo una desigualdad y un intento de minoración por parte de los poderes centralistas del estado español. Esta consciencia cultural y lingüística y el activismo respecto a una situación de subalternidad de nuestras lenguas, también nos unía. Las personas se unen por el amor y por la lucha, cuando sienten que la lengua que las constituye es continuamente secundarizada y minorizada, con todo lo que eso implica.
De su relación con el contexto gallego-portugués, cuando comenzó a deshacerse de parte de su biblioteca, a mí me regaló los libros en portugués y gallego, entre los que hay primeras ediciones de la poesía de Herberto Helder, por ejemplo.
DICCIÓN, PROSODIA, LENGUA Y AMISTAD
En 1997 publicaba ‘L’actor i la dicció’ (La Busca edicions) (El actor y la dicción), una referencia para las personas que se dedican al teatro y para todas aquellas que sienten pasión por él y quieren descubrir las potencias del lenguaje. En la Cuina, aquel teatro pequeño semicircular del antiguo Institut del Teatre del Carrer Sant Pere Més Baix, el libro fue presentado brillantemente por el catedrático de la Universidad de Barcelona, Sebastià Serrano y por Maria Lluïsa Pazos, de la editora. Al salir, Rosa-Victòria me escribía una dedicatoria en la primera página del libro y dibujaba una estrellita encima de mi nombre. Esa estrella continúa acompañándome.
Fuera de las clases del Institut del Teatre nos hemos encontrado en su casa en Vallcarca, Barcelona, en la casa de Vallgorguina “entre el Montseny i el mar, el Corredor i Montnegre”, en el piso de la Gran Via de les Corts Catalanes en Barcelona, casi siempre con Oriana y con sus nietos Uri y Nina, con los que hablaba en francés, en inglés y en catalán. También vino a mi piso en el Carrer Puríssima Concepció, en Poble Sec, pegado al nuevo Institut del Teatre de Montjuïc. Hemos hecho la queimada y los conjuros, hemos hablado de poesía, de teatro, de política… Yo siempre le preguntaba cosas relacionadas con la lengua catalana y ella estaba siempre interesada en lo que yo estaba haciendo y en que le contase sobre la literatura gallega. Pienso que algo que a los dos nos fascinaba, de diferentes maneras, eran las potencialidades de las artes escénicas y de la palabra para alcanzar otras dimensiones de la existencia humana, más allá de las ocupaciones y preocupaciones del día a día. La dimensión transcendental y hasta esotérica del teatro, vinculado a los ritos mágicos, así como la percepción de las fuerzas telúricas y de la escucha de todos los elementos de la naturaleza y del paisaje, como si no fuésemos más que una parte de un todo. Yo le hablaba de mis experiencias de pequeño, con mis abuelos labriegos, en la aldea y de cómo era aquella vida en conexión directa con la tierra, con los animales, con las cosechas, con los árboles, con el monte… Le hablaba de las noches de invierno alrededor de la lumbre, de los aullidos de los perros y de los lobos, del responso a San Antonio cuando se perdía un animal y si salía el responso es que iba a volver y así acontecía lo mismo con otras encrucijadas… Hablábamos de cómo nuestras lenguas estaban descafeinándose por efecto del castellano, de cómo íbamos perdiendo esas diferencias que garantizan la complejidad y la diversidad.
Rosa-Victòria presentó, junto al también poeta y profesor del Institut del Teatre, Lluis Solà, y a la amiga y poeta Cristal Méndez, mi libro ‘O ritmo na dramaturxia. Teoría e práctica da análise rítmica (a partir da primeira dramaturxia galega en verso)’ (El ritmo en la dramaturgia. Teoría y práctica del análisis rítmico a partir de la primera dramaturgia gallega en verso), publicado en la colección Biblioteca-Arquivo Teatral Francisco Pillado Maior de la Universidade da Coruña en 2005, para el cual había escrito un valioso prólogo. Fue en diciembre de 2005 en la ya desaparecida Galería Sargadelos del Carrer Provença de Barcelona, donde vivimos actos fraternales entre el teatro catalán y el gallego, como aquel que yo había organizado con Ricard Salvat e Isaac Díaz Pardo. También nos acompañó, en ese mismo espacio, en la presentación que Dani Salgado y yo habíamos hecho en 2007 de nuestros respectivos libros: ‘A dirección de actores’ (Galaxia, 2006) (La dirección de actores), presentado por Jaume Melendres, y ‘Dramaturxia. Teoría e Práctica’ (Galaxia, 2007) (Dramaturgia. Teoría y práctica), presentado por Carles Batlle.
También vino a la defensa de mi tesis doctoral ‘O ritmo na dramaturxia. Teoría e práctica’ (El ritmo en la dramaturgia. Teoría y práctica), dirigida por el dramaturgo y profesor del Institut del Teatre, Carles Batlle, en la que le ponía el ramo a muchos años de investigación, dentro del primer programa de Doctorado en Artes Escénicas que había puesto en marcha el Departamento de Catalán de la Universitat Autònoma de Barcelona y el Institut del Teatre en el año 2000. La defensa fue el 11 de enero de 2016. Allí estaba Rosa-Victòria, que para mí había sido como una madrina también en esta investigación sobre el ritmo, en la que recogía muchos elementos aprendidos en sus clases, así como referencias de su libro, antes citado, ‘L’actor i la dicció’.
Rosa-Victòria tenía una calidad que hacía que todos los momentos compartidos con ella fuesen especiales, mágicos, reveladores. Yo me sentía en plenitud cuando estaba con ella. Me parece que había un entendimiento entre nosotros muy profundo, como si viniese de antes incluso de habernos encontrado y conocido, como si viniese de antaño. Si cuadra continúa y va más allá de nosotros, hacia el futuro.
“La roda de la fortuna
(Rimes d’infants – que d’infants no n’eren.)
La roda de la Fortuna
va caure en un pou som
i surava, surava
La roda de la Fortuna era de fusta d’om
De quin color és la fusta de l’om, amiga
Carbassa, vet aquí.
Color de gos com fuig
era la roda
que la Fortuna va llençar al pou,
cansada de rodar-hi
per tot el món.
Ara que és a la vora
no ens vol afavorir,
ni a tu ni a mi?
No duu la bena als ulls
i ens ha vist:
no som ni l’aigua
ni el brocal del pou.
(‘LA RODA DE LA FORTUNA’ de Rosa-Victòria Gras. Arola Editors, 2018)