Foro fugaz

Vindicación de la crítica teatral

Qué ruda tarea es la de admitir la necesidad de la crítica en el teatro, en el cine, en los espectáculos. Voy a ampararme en la sacrosanta figura de Aristóteles que tiene la virtud de haber sido el primero que nos presenta las bases de la crítica teatral, para adelantarme en esta idea: el crítico teatral es necesario. Durante muchos años Aristóteles sentó las bases para analizar las obras de teatro, en especial la tragedia, aunque no se interesó en el espectáculo mismo que seguramente obedecía a cánones bien establecidos. Después de Aristóteles todo es confusión, porque poco a poco impera el gusto en la crítica y como todos sabemos el gusto es una cuestión personal.

Otro griego interesado en la crítica fue el dramaturgo Aristófanes, que no dudaba en utilizar sus piezas para atacar a sus contemporáneos, en especial a Eurípides, a quien le tenía una especial aversión. Aristófanes y sus fobias representan un tipo de crítica más cercano a nuestro tiempo, personal, obsesivo defensor de su idea de la escena, apasionado. Quien quiera medir su enjundia crítica debe leer la obra Las Ranas, en donde enfrenta al clasicismo de Esquilo con la exuberancia de Eurípides. Así vemos que desde la invención del teatro la crítica ha sido compañera de la creación.

Pero el papel de la crítica ha cambiado, se tiende a analizar de manera personal el conjunto de una obra: texto, dirección, actuación, escenografía, música y algunos etcéteras. Hoy sabemos que el crítico se equivoca, sabemos que puede destruir una obra que después triunfa, sabemos que no tiene un código exacto para evaluar una producción, muchas veces muy costosa. Y sin embargo…

La crítica sigue siendo necesaria. ¡Que contradicción! Es la manera en que el público puede enterarse del impacto de una obra en cartelera, es una guía para ver lo que le interesa a cada sector del público, también una manera de elegir ante varias ofertas. Y eso le interesa tanto al consumidor como al productor. A los creadores le importa que haya público que pague su entrada, por eso los encargados de prensa catalogan a quienes ejercen la crítica teatral por el peso de sus medios, por el prestigio de sus firmas y por la publicidad que pueden dar a las obras. Como en muchos otros ámbitos, hay periodistas complacientes, ‘amigos’, que sirven como antenas publicitarias, aunque también hay críticos a los que nada convence, y así va el mundo.

Alguna oficina de prensa de un teatro importante de París me lo espetó sin ningún pudor: ‘La crítica de la obra no nos interesa, nos interesa la publicidad’, más claro ni el agua. Aunque una mala crítica puede hundir una producción. Acontece en Broadway, en donde una crítica adversa del New York Time puede causar el naufragio de una producción de millones de dólares. También puede causar la exclusión de actores, directores, dramaturgos, músicos… Se juega mucho en unas cuantas hojas publicadas tal vez con los prejuicios y la mala onda de un crítico que no arriesga nada al publicar su juicio.

De los errores de la crítica, uno de los más notables fue el ocurrido en París en 1913 en el estreno de la obra ‘La Consagración de la Primavera’ de Igor Stravinski, con la coreografía de Nijinsky, que durante su estreno se convirtió en una batalla campal del público contra los músicos y bailarines. Las reseñas indican que los agredidos siguieron interpretando la obra de manera heroica. Y los críticos de la época fueron rotundos en su equivocación, a nadie le gustó la audacia de Stravinski. Este estreno de una obra fundamental para la música del siglo XX sigue siendo una mancha en el honor de los críticos parisinos. El estreno de la obra en Londres fue mucho más moderado, aunque el desafío de la música de Stravinski siguió perturbando a los primeros auditores.

Más teatral fue el escándalo provocado en 1953 por el estreno de ‘Esperando a Godot’ de Samuel Beckett, que dio inicio al denominado teatro del absurdo. En la sala Babylone de París la presentación de la obra fue un desafío para el público y la crítica. Pero en este caso la crítica se dividió, no fue tan vergonzosa como en el caso de Stravinski.

Pero quizá el error de la crítica más evidente sea el estreno de la ópera Carmen de Georges Bizet, en 1875. ¡Carmen atacada por la crítica el día de su estreno! Bizet se quedó con ese sinsabor pues murió meses después y no pudo gozar del triunfo universal de su ópera, una de las más celebradas del repertorio. Ruda experiencia la del fracaso de su obra más audaz, todo gracias a una crítica ciega e implacable.

Pero regresemos al crítico y su tarea. Su antena, su percepción debe estar fresca, preparada para el cambio, sin muchos prejuicios (todos tenemos prejuicios y lugares comunes en nuestro frágil cerebro), porque su trabajo es indispensable para el desarrollo del teatro y del arte en general, aunque algunas veces se equivoque.

París, marzo de 2025


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